Visor de contenido web

Siglos XVIII, XIX y XX

Del declive como plaza militar a la Hondarribia contemporánea

El asedio de 1638, y su corolario, la Paz de los Pirineos, marcan el cénit de Hondarribia, pero también el comienzo de su decadencia. A partir de entonces, la historia de la ciudad será un lento y prolongado declive.

El recinto intramuros, que contaba unas 2.000 almas, irá poco a poco perdiendo habitantes. La importancia militar de la plaza irá cediendo terreno, en beneficio de San Sebastián y de la misma Irun. Aunque aún sufriría dos asedios durante el siglo XVIII, empezó a ser considerada como una plaza menor.

Irun seguía perteneciendo todavía a la jurisdicción de Hondarribia, al igual que Pasajes y Lezo. Todas ellas solicitaron la desanexión a comienzos del siglo XVII, como hicieron muchas localidades que obtuvieron entonces el título de villa. Pero Hondarribia se opuso enérgicamente a su independencia, pues el monopolio comercial que ello suponía era su última posibilidad de salir adelante. Una y otra vez la Corona le dio su respaldo, negándose a perjudicar a una plaza siempre fiel y valerosa.

Irun lo seguirá intentando insistentemente, hasta que por fin consiguió la desanexión en 1766, poniendo fin a varios siglos de continuos pleitos y enfrentamientos. Para entonces Irun tenía ya más habitantes que Hondarribia y era una plaza militar más importante. La suerte de la antigua villa estaba echada.

 

La guerra de la Convención

La estocada final llegó en 1794, cuando los revolucionarios franceses entraron en la ciudad tras un asedio de 7 días. Uno de sus primeros objetivos fue la iglesia de Santa María, cuyos santos vistieron de uniforme y colocaron en las murallas como si estuvieran defendiendo la maltrecha plaza. Luego recorrieron la ciudad saqueándola y devastándola, causaron grandes destrozos en el castillo y volaron la mitad de las murallas.

Aquello supuso el fin de la plaza militar. 9 asedios había sufrido la ciudad a lo largo de su historia y aquel sería el último. Los generales que la visitaron para evaluar los daños no hicieron otra cosa que certificar su muerte: la plaza fuerte había dejado de existir.

En esta ocasión, la ciudad había caído con una facilidad desconcertante, y se planteó la duda de si había luchado con suficiente valor. Se abrió una investigación militar y se concluyó que la ciudad había cumplido sus obligaciones y que podía seguir conservando los timbres ganados en 1638: “muy noble, muy leal y muy valerosa ciudad”. Para despejar toda duda, el rey le concedió cinco años después el título de “muy siempre fiel”, como había solicitado reiteradamente.

La ciudad afrontaba el siglo XIX sumida en una profunda crisis: sembrada de ruinas y sin otras perspectivas económicas que la pesca y su modesta agricultura. Pero a finales de siglo empezará a surgir el turismo como una nueva y prometedora fuente de riqueza. La creciente colonia de veraneantes la ayudarán a expandirse y a redefinirse como ciudad, hasta convertirse en una plaza turística de primer orden.

Avioneta Hidroplano de Paulhan frente a Hondarribia tras un vuelo de exhibición en abril de 1912.