Visor de contenido web

Siglos XV y XVI

Francia al finalizar de la Guerra de los Cien Años en 1453, recupera sus posesiones de Aquitania en manos del rey de Inglaterra y la tensión aumenta de nuevo en la frontera.

Este hecho hace de Hondarribia una plaza de vital importancia y desde entonces, cualquier acontecimiento alterará la normalidad de la villa.

 

Asedio de 1476

Muerto el rey Enrique IV sin descendencia en 1474, le sucede en el trono su hermana Isabel la Católica, que deberá librar una guerra de Sucesión contra la otra pretendiente al trono, Juana la Beltraneja, casada con el rey de Portugal. Vizcaínos y guipuzcoanos apoyan a Isabel, mientras Francia, apoya a la Beltraneja. En este contexto se desata el primer asedio importante de la villa, ocurrido en 1476. Los franceses entraron en Gipuzkoa, haciendo grandes destrozos y quemando las villas cercanas.

Don Juan de Gamboa había realizado un gran trabajo preparando las defensas de la villa. Los franceses, viendo el poco daño que hacían, se demoralizaron pronto y a los nueve días se retiraron a Bayona, donde fueron recibidos con gran indignación.

 

La importancia de la plaza

Tras el fallido asedio quedó demostrada la importancia de esta plaza fuerte y la diligencia que había que poner en su defensa. Así lo expresaba un memorial al rey de Navarra: "porque en perderse aquella villa se pierde toda Guipúzcoa, y quédales la entrada libre para Castilla y Navarra".

De esa época tenemos ya noticia de las velas y guardas. Todos los vecinos de la villa tenían obligación grave de guardar turnos de vigilancia, vela y ronda de las fortificaciones, para evitar ser sorprendidos.

Veinte años después de aquel asedio, las relaciones con Francia vuelven a deteriorarse y nuevamente se teme un ataque inminente. Hondarribia vuelve al foco de atención de los Reyes. La correspondencia de Isabel la Católica con el nuevo alcalde del castillo se hace continua. Desde el principio le encarece que "esa fortaleza de Fuenterrabia es la principal de confianza y guarda de nuestros reinos".

En 1496 le ordena construir nuevas defensas en las murallas y el castillo, que se llevan a cabo dirigidas por los mejores ingenieros.

La solicitud de la reina por todo lo que ocurre en Hondarribia es continua: se encarga de su abastecimiento -ordenando traer mantenimientos desde Burgos y Andalucía- y se preocupa por las desavenencias con los soldados del castillo. Acababa de producirse, concretamente, un grave alboroto por la muerte que había causado un tal Montoya, y los ánimos estaban muy alterados. La reina escribe al alcaide:

"La mala voluntad que decís que los de esa tierra tienen a la gente de guerra suele proceder del mal trato que la gente de guerra les hace. Vos debéis mirar para que ninguno reciba mal trato. Proveed con diligencia lo que sea menester para quitar las ocasiones y ordenar las cosas entre ellos de modo que unos y otros vivan en paz, y quien haga lo que no debe, sea castigado”, pues dilatar el hacer justicia trae graves inconvenientes, y “en haciéndola se sanea y sosiega todo".

Al igual que ocurría en San Sebastián -la otra plaza fuerte de Gipuzkoa-, la presencia de un importante contingente de soldados dentro de la villa fue para ésta un continuo quebradero de cabeza. Los soldados -que eran forasteros y no estaban sometidos a la autoridad municipal- campaban a sus anchas, y cometían hurtos y múltiples agravios contra los vecinos. Toda la vida social se veía afectada por su presencia y son innumerables las quejas que el concejo presentó a la Corona por este motivo.

 

Plano antiguo
Plano antiguo

 

Régimen de privilegio

Siglo y medio durarán las continuas guerras con Francia, desde finales del siglo XV hasta mediados del XVII, lo que duró la hegemonía española en el continente.

Durante ese tiempo, a Hondarribia se le exigió un esfuerzo bélico impresionante. La guerra traía una y otra vez la devastación a la villa, y grandes sacrificios en vidas humanas. Así se lo exponían al rey en un memorial:

"por nuestros pecados o por la disposición del lugar fronterizo, estamos sujetos a los peligros de la guerra y hemos venido a gran pobreza, miseria y destrucción, así por la muerte de los mejores hombres de la villa como por la destrucción de nuestras heredades y navíos (...). En ningún otro lugar se ha hecho una tan total y general destrucción como en esta villa, en tal manera que sólo podrá sentirlo quien la hubiese visto antes y la viese ahora".

Para compensarla, todos los monarcas le concedieron ventajas y exenciones fiscales, hasta configurar un auténtico régimen de privilegio, que despertará la envidia de sus vecinos.

Los barcos de Hondarribia gozaban de preferencia en todos los puertos. Incluso en época de escasez de alimentos, los puertos del Cantábrico y de Galicia, de Andalucía y Canarias, debían proveer a esta villa de mercancías para su abastecimiento, en detrimento de sus propias necesidades. Esto provocaba las protestas de los municipios afectados, pero una y otra vez la monarquía confirmó sus privilegios. Que la plaza de Hondarribia estuviera bien abastecida era, en aquel tiempo, una grave cuestión de estado.

Isabel la Católica

El asedio